Saludo de Navidad

Saludo de Navidad

 

Celebrar la Navidad es vivir el gozo de sentirnos salvados, de saber que, a pesar de nuestra fragilidad, tenemos un Dios Padre que nos ama infinitamente, al punto de enviarnos a su hijo. Es decir, con el misterio de Dios hecho hombre, nuestro creador nos demuestra su amor y misericordia, rescatándonos del pecado y enseñándonos a vivir como hermanos. Por lo anterior, recordar el nacimiento de Dios encarnado se traduce en una alegría divina, pero no la pasajera y material que nos ofrece el mundo, sino una que penetra el alma y nos hace sentir tal cantidad de amor, que nos impulsa a compartirlo con los demás.

En esta fecha quiero enviar un mensaje de gratitud, esperanza y, sobre todo, de cariño, por tantas bendiciones recibidas a través de cada uno de ustedes, por permitirme llegar a la intimidad de sus vidas con mis reflexiones, todas ellas inspiradas en la Palabra de Dios y que buscan llevar un mensaje de ilusión y gozo, originado en la fe que hoy celebramos.

Quisiera elevar una oración al Dios de la vida, al mismo y único que nos redime y nos enseña el camino del amor y la bondad. Ruego por cada uno de ustedes y sus familias, para que puedan vivir una Navidad en el corazón del Padre, en donde reinan la paz, la fraternidad y el amor infinitos, los que espero vivan en sus hogares.

También quiero invitar al pesebre a todos quienes no pueden vivir plenamente la alegría del nacimiento del salvador, para que sea el amor sanador y misericordioso del Creador, expresado a través de nuestra solidaridad, el que les dé la gracia de reconocerse amados y bendecidos en medio de sus angustias y necesidades.

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