El camino de Emaús (T2:E2)
¿Qué pasó con lo esperado?
En el episodio anterior vimos cómo los caminantes continuaban compartiendo con Jesús el motivo de su molestia y distanciamiento de Jerusalén; sabemos que estaban viviendo el duelo de haber visto la condena, crucifixión y muerte de un poderoso profeta, alguien en quien habían puesto todas sus esperanzas.
En esta ocasión analizaremos el versículo 21, que hace parte de la respuesta de los discípulos de Emaús y cuyo contenido nos permitirá comprender aún más el desolador e inmenso estado de dolor de tales hombres.
“Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. ” (Lc. 24,21)
Por el versículo anterior (v.20), sabemos que los hombres vieron cómo su líder y maestro, llamado por ellos “profeta poderoso”, fue condenado a muerte y crucificado, una condena terrible y humillante, que entonces significaba el máximo nivel de desprecio social. Sin embargo, en el versículo 21 se hace evidente la principal razón por la que ellos se había hecho discípulos de Jesús y justificaban su desolado estado de ánimo: “Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel”; además, esta frase aclara aún más el nudo de este relato.
Las razones de adhesión de los caminantes a la propuesta de Jesús están enmarcadas por dos elementos: un anhelo concreto y un tiempo determinado; es decir, para ellos, Jesús debía ser el libertador del pueblo de Israel de la opresión romana y eso debía de suceder en esos días y según las condiciones que ellos habían imaginado. Sin duda, llama la atención que los hombres estén identificados por el autor sagrado como discípulos; es decir, dicha denominación sugiere que haber escuchado al Maestro y tener la experiencia de compartir con el propio Jesús, los convertía en privilegiados para entender el alcance de su misión y la profundidad de su mensaje; sin embargo, por eso mismo resulta incomprensible que se alejen de Dios con ese tono de molestia y frustración.
¿Será acaso que para comprender el mensaje salvador de Dios, expresado a través de Jesucristo, se requiere mucho más que solo escucharlo y declararse seguidor suyo? Si dos hombres que fueron designados como discípulos y en ese momento estaban confundidos, ¿qué podemos esperar de alguien que no haya tenido ese privilegio?

¿Será que ser discípulo de Cristo es solo el comienzo del camino para descubrirlo? Estamos leyendo y meditando sobre el recorrido de un camino, uno que parece distante de la meta; de hecho, por el contrario, estamos seguros de que solo es un tramo inicial, una etapa que nos deja muchas lecciones y nos invita a seguir descubriendo en cada paso la fuerza de la Palabra de Dios.
Podemos identificarnos con los caminantes en la medida que, declarándonos creyentes e incluso convocándonos para orar o alabar a Dios a través de Jesucristo, todavía no logramos entender realmente lo que significa que Jesús sea nuestro único Señor y Salvador. Al igual que los caminantes de Emaús, nosotros equivocadamente le asignamos un tiempo y un propósito a Cristo, determinamos eso en la medida de nuestros intereses.
Es frecuente declarar que los planes de Dios son perfectos y sus tiempos exactos, al punto de decir que todo lo dejamos a su santa voluntad, pero qué difícil es traducir ese discurso en un verdadero modelo de vida, debido a que fácilmente, ante cualquier contratiempo, terminamos dando la espalda al Señor, como hicieron los discípulos: malhumorados, decepcionados y tristes porque el plan que le habíamos propuesto a Dios (nuestras peticiones) no se realizan bajo las condiciones y en el tiempo que nosotros deseamos.
Hay muchos momentos en la vida (incluso puede estar pasando en este momento) que experimentemos lo que estos hombres sintieron en el camino. Nosotros también creímos en un Dios que nos evitaría cualquier sufrimiento y que nos libraría de cualquier mal o enemigo; sin embargo, aún seguimos enfermándonos, sufrimos crisis económicas, enfrentamos problemas familiares o laborales, nos ataca la desolación y atravesamos momentos de sin sentido en la vida; nosotros también esperábamos que, al ser seguidores de Cristo, todo sería diferente y nuestros problemas desaparecerían, pero eso no es así.
Señor, qué bella oportunidad nos regalas para meditar acerca de nuestra fe. Nos permites confrontarnos con nuestros miedos y vacíos, reconociendo que, a pesar de nuestra fragilidad y la poca comprensión de tu misterio de salvación (como lo hiciste con los discípulos de Emaús), hoy también nos escuchas en la oración, pues quieres conocer lo que sucede en nuestra vida para que hayamos tomado la errada decisión de alejarnos de ti.
Seguiremos recorriendo con ustedes cada paso de este hermoso relato, seguros de que encontraremos muchas respuestas e invitaciones para nuestra vida. Los espero en el próximo episodio. Dios los bendiga.

