Pentecostés (Parte 1): el cumplimiento de una promesa de Dios

Pentecostés (Parte 1): el cumplimiento de una promesa de Dios

Por: Jorge Espinosa

Con Pentecostés celebramos la venida del Espíritu Santo, el mismo que Jesús prometió a sus discípulos justo antes de ascender al cielo. Durante las semanas de pascua hemos escuchado en la liturgia de la Palabra claves para entender la importancia del Espíritu Santo en nuestras vidas; para esto hemos leído y reflexionado el libro de los Hechos de los Apóstoles y el Evangelio según San Juan en sus capítulos finales. Con esta reflexión iniciamos una corta secuencia de entregas que buscan repasar algunos aprendizajes que La Palabra de Dios nos regaló, como medio de preparación para vivir plenamente la fiesta de Pentecostés.

Desde el propio lunes de pascua empezamos a leer el texto de Hecho de los Apóstoles (Hc.2,14.22-33) donde nos narra que una vez los discípulos reunidos reciben el Espíritu Santo; y como consecuencia de esto se levanta Pedro y con una fuerza sobrenatural proclama que se está cumpliendo lo anunciado por el profeta (Joel 3, 1-3).

“Sucederá después de esto que yo derramaré mi Espíritu en toda carne. Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Hasta en los siervos y las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días. Y realizaré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, fuego, columnas de humo” (Joel 3, 1-3)

Lo primero que debemos notar es que la venida del Espíritu Santo es el cumplimiento de una promesa hecha por Dios, inicialmente desde el profeta Joel, pero también directamente a través de nuestro Señor Jesucristo: “y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre…” (Jn. 14, 16).

Hoy debemos meditar en lo grande y misericordioso que es nuestro Dios, un Dios que cumple todas sus promesas, que nunca nos abandona, sino que nos da todas las provisiones necesarias para prepararnos y llevarnos al reino del Padre.

El Espíritu Santo es el amor de Dios que llena nuestra vida, es un regalo del Padre y del Hijo, y que con ellos constituyen la santísima trinidad, tres personas distintas pero un solo Dios verdadero. Al Espíritu Santo lo recibimos en el bautismo y más plenamente en el sacramento de la confirmación. Ahora bien, nuestro principal compromiso es ser dóciles a su acción para crecer continuamente en nuestra vida espiritual, pues somos templos vivos del Espíritu Santo quien mora en nosotros para santificarnos.

Un comentario sobre “Pentecostés (Parte 1): el cumplimiento de una promesa de Dios

  • el junio 4, 2022 a las 11:17 pm
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    Es el verdadero guía y luz que ilumina nuestro camino Asia la verdad de un Jesucristo vivo

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