Pentecostés (parte 3): El Espíritu nos llena del gozo

Pentecostés (parte 3): El Espíritu nos llena del gozo

Un corazón lleno del Espíritu Santo es un corazón abierto a la acción de Dios en nuestra vida; incluso el propio Jesús lo invocaba antes de orar al padre: “En aquel momento, se llenó de gozo Jesús en el Espíritu Santo, y dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito” (Lc. 10, 21)

Jesús nos muestra que solo por la intervención del Espíritu somos capaces de reconocer el amor de Dios en nuestra vida y experimentar su gozo. Por esto debemos iniciar el día y sus actividades invocando la asistencia del Espíritu para poder desarrollarlas ajustadas al querer de Dios, pero también para reconocer en cada evento del día la mano misericordiosa del Padre.

Pidamos al Padre y al Hijo que nos envíen su Espíritu y que seamos dóciles a su acción, para así transformar todos aquellos comportamientos que nos alejan del amor de Dios, pues si el paráclito esta con nosotros podremos:

  1. Usar las palabras adecuadas a la hora de comunicarnos.
  2. Callar cuando el silencio es la mejor manera de proceder.
  3. Ser empáticos para entender a nuestros semejantes, evitando enjuiciarlos.
  4. Pedir a Dios lo que verdaderamente necesitamos y nos permita seguir su voluntad.
  5. Expresar a los demás un rosto de auténtica alegría.
  6. Tomar las decisiones con la tranquilidad de maximizar nuestro bienestar y el de todas las personas que serán impactadas por ésta.
  7. Ser capaces de vencer cualquier signo de egoísmo.
  8. Ser motivadores de unidad, alejando cualquier expresión de discriminación o división.
  9. Reconocer en los demás, especialmente en los más humildes y necesitados, el rostro de Jesús que nos invita a ser solidarios.
  10. Poner en el centro de nuestra vida el amor, como principio fundamental de cualquier relación personal, laboral o social.

Pidamos a la llena del Espíritu Santo, la Santísima Virgen que nos acompañe en nuestro pentecostés personal, que ella nos enseñe a abrir nuestro corazón a la acción santificadora del Espíritu del resucitado.

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