Señor, sana nuestra ceguera espiritual

Señor, sana nuestra ceguera espiritual

Lunes 18 de noviembre de 2019

Primer Libro de los Macabeos (1, 10-15.41-43.54-57.62-64), Salmo 118, Evangelio según san Lucas (18, 35-43)

Hoy las lecturas nos muestran al pueblo de Israel en época de Antíoco Epifanes, un malvado rey que intentó acabar con la fe del pueblo judío y, sin duda, alcanzó a desviar a muchos, llevándolos a un estado de ceguera espiritual, que no les permitía ver la verdad. Sin embargo, un grupo se mantuvo firme y fiel a la alianza, perseverando a pesar de los crueles castigos a los que fueron sometidos, pero nunca se entregaron a la oscuridad; estos hombres mantuvieron su fe y pudieron ver cómo Dios caminaba en sus vidas y los bendecía.

De la misma manera Jesús escucha los gritos de un ciego que pedía su compasión y, aunque muchos no querían que sus gritos fueran escuchados, estos llegaron a oídos de Nuestro Señor, quien reconoció en este pobre hombre su fe y le devolvió su vista; es decir, la acción crucial de estos dos textos es la fuerza de la fe, la misma que permite enfrentar la oscuridad de la maldad y, a la vez, es capaz de ayudar a recobrar la vista.

Qué fácil es comportarnos como aquellos que se ajustaron a las nuevas reglas de Antíoco Epífanes, olvidado a quien con amor y bondad nos ha rescatado; tememos más a las amenazas y al poder de los hombres que al inmenso amor creador y sanador de Dios. Fácilmente desistimos de la oración, creyendo que Dios no nos escucha y desconocemos que Él siempre atiende nuestras súplicas y abre nuestra vista a su bondad.

Nos corresponde actuar como el ciego, que una vez tocado por el amor sanador, decide seguir a Cristo y mostrar con su vida la gloria al único Dios y Salvador. En momentos donde algunas culturas quieren robarnos la fe y lanzarnos al vacío, también debemos tener la fuerza de los macabeos para soportar los ataques y mantenernos firmes y fieles a Nuestro Señor.

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