El camino de Emaús (T1:E5)
Ceguera espiritual
Doy gracias a Dios por permitirnos recorrer de manera pausada este hermoso relato del pasaje de los discípulos de Emaús; sin duda, detenernos en cada escena, en cada cuadro y en cada elemento de la narración nos permite entender el alcance y la profundidad de su mensaje, a la vez facilita identificarnos con estos dos hombres.
En los episodios anteriores hemos detallado lo que en exégesis narrativa se denomina el nudo del relato; en ese sentido, hemos pormenorizado la compleja situación que Lucas planteó, pues no se trataba de dos hombres cualquiera, que salen de una ciudad cualquiera o por una causa cualquiera; sino que se refería a dos discípulos que se alejaban de Dios en una actitud de discusión y enojo, postura con la que muchos de nosotros nos podemos identificar.
En el episodio anterior tuvimos la oportunidad de ver cómo Jesús mismo se acercó a los discípulos; Jesús se acercó a ellos y se puso a caminar a su lado” (Lc. 24,15b) y reflexionamos sobre que sea Cristo quien acude por iniciativa propia al encuentro de los hombres y se iguala a ellos, recorriendo su camino. Con un hermoso cuadro terminó el capítulo anterior, uno que nos llenó de esperanza: pues pudimos ver cómo tales hombres, y a través de ellos todos nosotros, no andamos solos y desamparados, sino que a nuestro lado camina Dios hecho hombre.
Avancemos un poco más en el relato, hasta llegar al versículo 16, que se nos presenta en la voz del narrador:
“pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran.” (Lc. 24, 16)
El narrador, mostrando una virtud propia suya (omnisciencia), nos informa una condición profunda de los caminantes: “pero sus ojos estaban retenidos”; es decir, aunque ya Jesús estaba a su lado, ellos no tenían la capacidad de reconocerlo. Sin duda este aspecto nos genera un conjunto de reacciones: indignación, tristeza, decepción o incluso ansiedad. No puede ser posible que dos de sus discípulos; es decir, quienes hasta hacía unos días compartían con él, en ese instante no puedan reconocerlo.

La condición de una especie de ceguera en los caminantes incrementa la tensión narrativa y profundiza aun más el nudo del relato, pues queda claro que los hombres padecían una especie de enfermedad (no necesariamente física) que les impide reconocer a Jesús a su lado; es decir, ahora estamos ante dos hombres que nos solo se alejaban de Jerusalén (lugar físico de Dios), sino que también habían perdido la capacidad de advertirlo a su lado.
Hoy son tantos los hombres y mujeres que padecemos de esa especie de disfuncionalidad, que reclamamos a un Dios vivo y presente, pues nos sentimos solos y abandonados de su misericordia, al punto que hemos decidido olvidarnos de él. Jóvenes confundidos, sin rumbo, perdidos en la depresión, entregados a los vicios o simplemente invadidos por una especie de desesperanza; hogares destruidos o en guerras internas, que han olvidado el amor que los fundó y han perdido la capacidad de reconocer a Cristo en sus hijos o parejas; líderes y gobernantes que caminan de espalda a Dios, preocupados por calmar sus ansias de poder y dinero, enceguecidos por la ambición. Son tantas las cegueras que nos igualan a los discípulos de Emaús, que resulta muy fácil identificarnos con estos dos hombres.
¿Qué les sucedió a esos hombres?, ¿qué ha pasado con nosotros?, ¿por qué estamos incapacitados para reconocer a Jesús que camina a nuestro lado? Ya no solo nos reconocemos como aquellos que han desviado el camino, sino que también nos identificamos con quienes en algún momento empiezan a padecer una ceguera espiritual.
Señor, ayúdanos a entender qué nos sucede, pues nos alejamos de ti sin descanso, lo que nos vuelve insensibles a tu amor y bondad; no permitas que continuemos en ese rumbo, rescátanos y regrésanos a tu sacratísimo corazón. María, tú que acompañas a tu hijo, que lo conoces como ninguna otra persona, enséñanos también a reconocerlo, como lo hiciste en tu visita a Isabel.
Terminamos este episodio con un dejo de tristeza, pues caminar al lado del salvador y no reconocerlo incrementa el drama de lo que venían viviendo nuestros personajes. Ahora bien, también quedamos con la ilusión de saber que Jesús está a su lado y que algo debería estar por suceder, ¿qué será? Para saberlo los invito a seguir el desarrollo de esta serie El camino de Emaús.
Si hasta ahora llegas o quieres repasar lo reflexionado en los episodios anteriores, te dejo abajo los enlaces. También recuerda que puedes suscribirte a este blog y recibir por correo electrónico todas las entradas del mismo. Los espero la próxima semana con el siguiente episodio.

