El camino de Emaús (T1:E3)

Una incongruencia

Hoy llegamos a nuestro tercer episodio del pasaje de Emaús. Ya hemos ubicado el relato en “el primer día” y sabemos por el versículo inicial (Lc.24, 13) que dos discípulos de Jesús salieron de Jerusalén con rumbo a un poblado llamado Emaús. Es contradictorio pensar que dos de los seguidores más cercanos del maestro se alejen del lugar central de la religión judía, mismo sitio donde apenas tres días antes el Señor había sido crucificado y moría por todos. También es el mismo lugar donde estaba el sepulcro en donde debía reposar su cuerpo y que reportaron luego algunas mujeres y otros discípulos que estaba vacío.

El camino de emaús T1:E1

El Camino de Emaús T1:E2

Nos quedamos con la imagen de dos caminantes descendiendo a espaldas de Jerusalén, dos hombres que habían escuchado a Jesús en sus predicaciones y enseñanzas, pero que se alejaban del lugar justo en ese momento, al que el evangelista ha llamado “el primer día”. Hoy desarrollaremos el segundo versículo del pasaje (Lc. 24, 13-35):

“Y conversaban entre si sobre todo lo que había pasado” (Lc. 24,14).

Esa referencia del narrador aclara varias cosas. La primera es la relación cercana de los personajes, pues además de ser compañeros de viaje también intercambiaban opiniones de lo acontecido; en segunda instancia, ellos conocían hechos específicos y conversaban sobre los mismos.

Hasta aquí el relato parece dejar más preguntas que respuestas, pues ¿cómo es posible que dos discípulos de Jesús se alejen de él? Además, con la certeza de que lo escucharon y compartieron con él, parece que la noticia del sepulcro vacío no tuviera mayor importancia para ellos. ¿Qué era lo que había pasado y comentaban? ¿Qué hecho los impulsó a salir de Jerusalén?

Detengámonos un momento a reflexionar acerca de la contradicción que implica el hecho de que algunos de quienes fueron discípulos de Jesús, que lo habían escuchado y compartido con él, que en algún momento decidieron seguirlo e incluso se despojaron de sus vidas pasadas; en ese momento crítico decidieran alejarse de él, ignorando todo lo escuchado o visto de manera directa o atestiguado por otros.

Estos dos discípulos nos obligan a reflejarnos en ellos, pues con seguridad nos contamos entre quienes hemos escuchado de Jesús, hemos participado de los sacramentos, nos llamamos cristianos (seamos católicos o de otras iglesias) y, sin embargo, nuestras vidas se asemejan más a las de los caminantes que se alejan de él con su forma de comportarse, de pensar y de sentir. Hay muchas etapas en nuestra vida en las que, aunque hablemos mucho de Jesús (lo acontecido), no reflejamos su legado con nuestra familia, amigos, vecinos, compañeros de trabajo y, en general, con el mundo. ¿Qué tan reales y comprometidos somos como discípulos?

Hoy los dos caminantes nos revelan que no basta con hablar de Dios, pues si caminamos en contravía a su voluntad, el sentido y la fuerza de las palabras se evaporan como el agua en el desierto. Las palabras deben estar respaldadas con nuestras acciones y, como les sucedió a los discípulos de Emaús, podemos estar alejándonos de Jerusalén, aunque nos la pasemos hablando de Jesús.

Hoy también reconozco en los discípulos de Emaús la radiografía de nuestra sociedad, una que habla mucho de Dios, pero cuya dinámica parece ir en un sentido completamente opuesto a él. La sociedad expresa creer en Dios y reconoce su importancia en la vida, pero en forma paralela estimula el odio, la división y la discriminación del otro. ¿Cuántas familias se conforman con celebrar sacramentos o participar eventualmente en celebraciones eucarísticas, pero en su vida cotidiana hay maltrato físico y verbal, abuso infantil, violencia de género o irresponsabilidad en el rol de padres? Sin duda, estos son comportamientos de familias que van camino a Emaús; es decir, que se alejan del Creador.

Señor, hoy te pido por todos quienes hemos decidido en algún momento (puede ser este) caminar en línea opuesta a tu amor, dándote la espalda e ignorando todas tus enseñanzas. Te pido por los jóvenes que caminan hacia la drogadicción, el alcoholismo y la prostitución; te imploro que seas tú quien corrija su errada brújula y los rescates del sendero de desgracia al que se dirigen. Te pido Señor que nos envíes también tu espíritu para que nuestras palabras sean sinceras y transformadoras, para que no nos conformemos solo con hablar, sino que nuestras acciones sean congruentes con la fe que decidimos profesar.

Nos quedamos hoy con la incongruencia de los discípulos, vemos con tristeza y angustia la decisión que han tomado; en todo caso, también reconocemos que no sabemos qué los llevó a decidir partir a Emaús. Aun no hemos escuchado a los discípulos, por lo que creo (espero que ustedes también) justo y necesario conocer qué pasó con ellos. Los espero en el próximo episodio de nuestra serie.

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