Volver

Volver, pero no a lo mismo

Empezamos una nueva etapa de esta cuarentena. Es una situación difícil de entender, pues a la vez que se anuncia una ampliación del aislamiento, por otro lado se autoriza que salgan millones de personas a trabajar; es decir, ¿sigue o no la cuarentena? Más allá de esta ambigüedad, manifiesto que soy de los que quieren volver a la vida “normal” para movilizarnos sin restricciones, pero también creo que cuando eso suceda debemos haber aprendido muchas cosas y generar cambios reales en nuestra cotidianidad.

Quiero retomar mi vida, pero no volver a los interminables trancones, al estrés de una ciudad ruidosa, agreste y caótica; sin duda, será bueno regresar a nuestras actividades, pero no para ver un sistema de transporte masivo que colapsa, con manoseo y cosquilleo; quiero volver, pero no a reuniones que impliquen dos estresantes horas para atravesar la ciudad y solo para que mi interlocutor me reciba 15 minutos (lo que bien se podría agilizar con una teleconferencia). También quiero volver, pero no para sufrir viendo cómo la contaminación acaba nuestros pulmones.

Cuando se empieza a hablar de retomar gradualmente nuestras actividades, deberíamos abrir espacios para debatir cómo es la ciudad que queremos encontrar cuando regresemos. Si la cuarentena nos enseñó que somos capaces de laborar productivamente en casa y a retar nuestra creatividad para mantener los estudios y negocios, de igual manera debemos esforzarnos para replantear una ciudad más amable, segura e integradora.

Es obvio que la producción económica es necesaria; sin embargo, si salimos en masa y no cambiamos el chip, incluso cuando haya pasado el virus, no podremos encontrar caminos para lograr un desarrollo seguro que nos permita recuperar lo perdido.

Es el momento de diseñar jornadas laborales que eliminen el concepto de horas pico y valle. Tal vez nuestros gobernantes y líderes deberían proponer esquemas de trabajo que minimicen los desplazamientos innecesarios y promuevan gestiones comerciales virtuales, educación mixta (virtual y presencial), jornadas de cuidado en casa y días de padres e hijos, entre otros. Debemos cultivar relaciones más abiertas y basadas en la confianza, para evitar el exceso de trabajo presencial, que, de alguna manera, es reflejo de mutua desconfianza.

Reitero, quiero volver, pero a una ciudad nueva, limpia, alegre, dinámica y segura; una urbe donde haya oportunidades para todos y donde cada uno nos sintamos parte de ella. Aspiro salir a una ciudad que tenga como principio el que ninguno de sus habitantes tenga que aguantar hambre y en la que todos merecen un techo digno para resguardarse; quiero una sociedad donde la salud sea un derecho fundamental, donde los niños y ancianos se cuiden, donde las iniciativas sociales se materializan rápido y la burocracia no tenga lugar.

No permitamos que el afán por producir y encender el aparato económico nos lleve sin remedio a una realidad igual o peor a la de antes del covid-19; reflexionemos para que esta cuarentena sea un espacio de aprendizaje que nos permita crecer y ganar consciencia social.

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