Sensibilidad lingüística
Sensibilidad lingüística
Este texto fue publicado en la columna Qué hay detrás de… del periódico ADN Colombia el 23/09/2019
Poco a poco, las causas sociales han generado grandes cambios en la sociedad; por ejemplo, hoy las mujeres han ganado mayor espacio en todos los ámbitos. Por otro lado, hay mayor consciencia ambiental, incluso es mal visto el uso de elementos que antes eran comunes, como las bolsas y los pitillos.
Estas transformaciones surgieron en el seno mismo de nuestra sociedad, con mayor o menor impulso de los gobiernos, los medios de comunicación y los intereses económicos; sin embargo, esta situación ha generado una especie de paranoia idiomática, que lejos de integrarnos, promueve la división e incluso atiza rencores; me refiero a la satanización del lenguaje, pues se adoptan a conveniencia los significados para promover el racismo, el machismo o la discriminación, etc.
Si un caballero le ofrece el puesto a una dama se etiqueta de micromachismo, si un joven le dice “negrita” a su amiga es racismo, si los compañeros le dicen “gordo” a otro es matoneo; en fin, toda informalidad es mal vista; esta obsesión por lucir políticamente correctos nos ha vuelto fríos e incluso apáticos al relacionarnos con los demás.
Es obvio que se debe erradicar cualquier patrón de discriminación; sin embargo, en el relacionamiento no todo puede ser prohibido. Lo importante es valorar la intención de lo que se haga; es decir, no es lo mismo decirle “negrita” a una amiga, con una intención de cariño, que usar dicho adjetivo para menospreciar o remarcar una característica que consideramos de menor categoría; siendo esto último reprochable.
Reclamo el derecho de comunicarme con los otros de manera respetuosa y amable, pero con la espontaneidad que permite el lenguaje y sin que por ello me tilden de machista, racista o maltratador.


