Señor, tú nos invitas a la vida eterna

Señor, tú nos invitas a la vida eterna

Domingo 10 de noviembre de 2019

Segundo libro de los Macabeos (7, 1-2. 9-14), Salmo 16, Evangelio según san Lucas (20, 27-38)

En esta ocasión, la Palabra nos invita a reflexionar acerca de nuestra creencia en la resurrección, así como lo muestra el segundo libro de los Macabeos, donde la inmensa fe de unos hermanos les permite poner su mirada en la resurrección, más que en los dolores, tortura o la muerte. De la misma forma, en el evangelio de Lucas de hoy Jesús debe responder a la pregunta de los Saduceos que cuestiona el creer en la resurrección. Estos relatos también nos interpelan a nosotros: ¿crees en la resurrección? ¿Es importante dicha creencia en tu vida? O ¿prefieres adoptar otras creencias de moda al respecto?

Seguramente, la respuesta más práctica sería decir que es una creencia que no impacta nuestra manera de vivir, pues lo consideramos algo lejano, no comprobable e irrelevante para determinar nuestro actuar cotidiano; claro, por eso acoger propuestas de nueva era resulta más atractivo y cercano a un mundo cargado de estrés y deshumanización. Sin embargo, para quienes creemos en Cristo, sus palabras de hoy: “pero aquellos a quienes Dios concede la gracia de llegar a la vida futura y a la resurrección, no se casan. Pero es que tampoco pueden ya morir, porque son iguales a los ángeles e hijos de Dios, gracias a la resurrección” nos llenan de esperanza y anhelamos disfrutar esa gracia; para ello, sabemos que nuestra forma de vivir es la manera que nos puede garantizar esa posibilidad.

Creer en la resurrección es claramente un acto de fe, no hay prueba alguna de eso, pero solo pensar que por mi falta de fe y compromiso cristiano no pueda alcanzar esa plenitud, me motiva a adoptar dicha creencia con toda la congruencia y responsabilidad que exige.

Señor, sé que nos tienes preparada una habitación en la mansión eterna; así mismo, Padre, estoy convencido de que solo abriendo mi corazón a tu accionar misericordioso podré acceder a la resurrección, por eso te pido me regales la fuerza de tu Espíritu para creer sin reservas. Permíteme vivir la resurrección de Cristo, es decir, poner toda mi fe y esperanza en un Dios vivo que actúa en mi vida y me llena de su amor.

Comparte esta tarjeta

Pregunta del día: ¿cómo puedes vivir con un Cristo resucitado?

Comparte tus respuestas en comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *