Señor, tú eres esperanza para todos
Señor, tú eres esperanza para todos
Lunes 2 de septiembre de 2019
Primera carta del apóstol san Pablo a los tesalonicenses (4,13-18), Sal. (95,1.3.4-5.11-12a.12b-13), Evangelio según san Lucas (4,16-30)
Todos queremos ser del grupo de los elegidos y los salvos. Es natural que deseemos eso, pues demuestra nuestra ilusión y deseo de estar con Cristo en su reino; sin embargo, siempre está la duda de si podremos lograrlo o, por el contrario, fallaremos en el intento, lo que nos llena de angustia, desespero e incluso indignación, como les sucedió a los paisanos de Jesús al escuchar sus palabras.
Ahora bien, es cierto que queremos ser de los llamados y enviados a vivir la resurrección de Cristo, pero también debemos ser conscientes de hasta dónde va nuestra responsabilidad. Nosotros no somos quienes decidimos eso, pero sí decidimos cada día cómo acoger la Palabra en nuestra vida y, a través de eso, empezar a vivir acá, en la tierra, la promesa de Dios. Así pues, vivamos con la fe, la esperanza y la caridad de quienes reconocen a Cristo como su único Señor y salvador, alineando nuestra vida a esa creencia, sabiendo que nuestra responsabilidad es expandir el amor de su evangelio entre nuestros hermanos y así aportar de manera humilde al servicio que él nos pide.
Es cierto que a veces nos desgastamos en discusiones estériles, atribuyéndonos la autoridad de definir quién será salvo y quién no, para quiénes están dirigidos el amor de Dios y la Palabra, y para quienes no; sin embargo, es inútil esto, pues no son atribuciones a nuestro alcance, eso le corresponde solo a la voluntad y el deseo de Dios.
Señor, gracias por tu Palabra, en ella reconocemos tu fidelidad y tus promesas; en ella también recibimos nuestra misión de anunciar tu presencia viva a nuestros hermanos; permítenos realizar nuestra tarea en forma generosa y humilde, con plena consciencia de que la recompensa solo la defines tú.
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Pregunta del día: ¿cómo cumples tu llamado como misionero?
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Lo cumplo con mis acciones y decisiones: con mi ser y actuar. Lo inicio cada día con la oración y lo continúo con mis actos de fe y ayuda al que está a mi lado.