Señor, gracias por amarme

Señor, gracias por amarme

Viernes 28 de Junio de 2019

Deuteronomio (7,6-11), Sal (102,1-2.3-4.6-7.8.10), Primera carta del apóstol san Juan (4,7-16), Evangelio según san Mateo (11,25-30)

Hoy contemplamos el Sagrado Corazón de Jesús, signo sensible del ser de Dios, pues él es amor, infinito amor; uno real, puro, transformador, creador, salvador y santificador; un amor que invade todo nuestro ser y dignifica nuestra naturaleza. La Palabra de hoy nos recuerda la esencia de Dios y nos invita a ser conscientes de que somos amados por él, lo que nos obliga a compartirlo con nuestros hermanos y semejantes.

En una sociedad donde el conocimiento, el poder y el dinero parecen ser los ejes y fundamentos de nuestras relaciones, Dios nos recuerda que es y debe ser el amor lo que nos conecta y nos permite reconocernos como hijos de Dios. En todo caso, debemos darle rostro y acciones concretas al amor; sin duda, una de ellas es el respeto por la vida, en todas sus expresiones, así como también lo son la solidaridad y la caridad, especialmente con el humilde y marginado. Una manera concreta de vivir el amor de Dios es usar un lenguaje nuevo, basado en este sentimiento, uno que rompa el frío y la dureza del odio y la discriminación.

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