¿Regreso o abandono?

Con el inicio de esta nueva etapa de la cuarentena serán muchos más los obreros y empleados de mandos bajos que inundarán las calles, congestionarán el transporte masivo e inevitablemente se expondrán al riesgo de un contagio.

Aunque los argumentos sobre la necesidad de reiniciar labores productivas son fácilmente comprensibles, en especial para quienes saldrán, pues son ellos los más afectados por la falta de recursos, el desempleo y el hacinamiento; queda el sabor amargo de que esta población ahora también expondrá su salud y la de su familia.

Otro problema de este nuevo ciclo es que los jardines y colegios permanecen cerrados, aunque los niños siguen tomando clases en casa con el acompañamiento de los padres; sin embargo, ahora ¿quién velará por su cuidado y las labores escolares? Ese es otro foco de preocupación para las familias, lo que puede derivar en conflictos y sobrecarga de tensiones.

El forzado reinicio, argumentado por razones económicas, se hace con una cifra de contagios y de muertos que se mantiene al alza; así se lanza a la jaula de los leones a los más pobres, quienes ahora tendrán que lidiar con problemas económicos, con el virus, con la incertidumbre del bienestar y la educación de sus hijos, y con todo lo que venga a futuro. No estoy seguro de si estamos reactivando el aparato productivo o, por el contrario, lo que abrimos es la caja de Pandora, debido a presiones políticas y económicas.

En síntesis: regresamos a producir, pero abandonamos a los nuestros. Este es un argumento diametralmente opuesto al de hace dos meses, cuando con menos casos se decía que la vida era prioritaria. El virus nos puso ante el dilema de escoger entre más riesgo de muertos o una debacle económica; parece que el Gobierno nacional ya tomó su decisión.

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