Nuestra democracia

Nuestra democracia

Por: Jorge Espinosa

Este texto fue publicado en la columna Qué hay detrás de… del periódico ADN Colombia el 28/10/2019

Al finalizar las elecciones se acaban las propuestas atractivas, los mensajes esperanzadores y la epidemia de abrazos; vemos cómo unos festejan y otros lamentan su derrota, ese es el precio de la democracia. Tras superar la resaca electoral, poco a poco volvemos a nuestra realidad de problemas sociales, esos que no se resuelven con promesas electorales, sino que exigen un reordenamiento integral de nuestro mapa de valores.

Hoy muchos celebran porque saben que dentro de poco sus bolsillos se llenarán con el erario; ahora sí empezarán a desarrollar sus verdaderos planes de gobierno, esos que están lejos de buscar soluciones a las necesidades del electorado y que se concentran en aprovechar la “dignidad” para la que fueron elegidos. Pasaremos de las reuniones abiertas, en las que todos son bienvenidos, a los encuentros secretos en donde solo unos pocos salen favorecidos.

Quienes pueden acceder al círculo íntimo de los ganadores, ya no llevarán volantes o camisetas del candidato, sino carpetas con hojas de vida, con la ilusión de ver recompensado el esfuerzo de esta campaña con oportunidades laborales, contratos empresariales o cualquier otro negocio rentable. Los elegidos empezarán a sopesar el aporte de cada grupo o líder y, como Papá Noel, comenzarán a repartir los regalos prometidos.

Estos próximos dos meses serán de un silencio macabro, pues quienes salen de los cargos públicos empezarán la etapa de limpieza, procurando que el nuevo inquilino no encuentre literalmente nada. En caso de que el ganador sea de la otra orilla política, el objetivo será hacerle las cosas difíciles. Esta corta y triste descripción no es más que la realidad de nuestra democracia, la misma que nos enorgullece ante el mundo.

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