Un virus para lavarnos mucho más

Un virus para lavarnos profundamente

Esta pandemia nos ha exigido, por lo menos a quienes intentamos asumir este tiempo con responsabilidad, reforzar nuestra rutina de lavado de manos como primera estrategia para prevenir contagios. Ahora bien, si analizamos esta situación de manera simbólica, podemos leer en este acto de salubridad un llamado a limpiarnos de manera más profunda: Pero el Señor dijo: Bien, vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad (Lc. 11, 39).

Tomemos como punto de partida que el covid-19 nos obligó a entrar en una especie de retiro espiritual, una oportunidad para reflexionar acerca de la importancia de volver a estar en familia, frenar el agite diario e incluso aplazar proyectos económicos, para fijar nuestra atención en lo realmente importante y más básico: la vida.

En ese marco de referencia, vale la pena preguntarnos hasta dónde el coronavirus nos invita a lavarnos no solo las manos, sino también nuestro ser interior, para limpiar actuaciones que nos alejan de una convivencia solidaria y comunitaria.

Hablar de lavar las manos de inmediato refiere a la imagen de “manos sucias” y eso, en nuestro entorno social, evoca el cáncer de la corrupción, la pandemia histórica y social que todo lo infecta, desde una sana iniciativa hasta desangrar los recursos de los más necesitados. Por ende, es natural pensar en la corrupción como una práctica asquerosa y que se mantiene lejos de nuestras manos; sin embargo, deberíamos lavarlas si consideramos que, de alguna forma, todos hemos contribuido en propagar ese mortal virus: bien por nuestra omisión, apatía y complicidad al elegir o consentir esas prácticas, o bien por beneficiarnos de la misma en forma abierta o soterrada.

Hemos sido cómplices al votar por líderes corruptos, al buscar un puesto con influencias, al estar dispuestos a pagar prebendas por un contrato o incluso al pretender saltarnos una inocente fila en nuestro beneficio. Sin duda, la mugre de la corrupción no es un problema tan lejano como pretendemos argumentar para expiar nuestra conciencia, sino que es un estilo de vida que se ha impregnado en muchos aspectos de nuestra cotidianidad y que no solo ensucia nuestras manos, sino que también ha infectado nuestro ser.

Todos queremos salir ilesos de esta pandemia del coronavirus; sabemos que para lograrlo debemos reforzar nuestra higiene con lo que evitamos contaminar a los demás; debemos aprender a permanecer limpios y buscar que los demás hagan lo propio, bien porque es nuestra responsabilidad evitar que otros se contaminen o bien, porque hacemos lo necesario para aislar a los infectados y tratamos de que ellos no extiendan su virus. Si aplicamos este postulado en nuestra realidad social, al terminar esta pandemia tenemos que ser otros, debemos haber entendido que lo infeccioso y dañino debe ser limpiado y aislado de nuestra vida.

Aprovechemos estos días de reflexión y aislamiento para limpiar también la consciencia personal y colectiva; esto nos debe llevar a identificar y erradicar cualquier práctica que promueva una sociedad enferma, egoísta e insensible. Terminado este retiro forzoso debemos reflejar cambios reales; por ejemplo, rechazar con contundencia cualquier hecho de corrupción, por mínimo que sea, pues este no solo ensucia las manos del corrupto, sino que nos enferma socialmente.

El coronavirus nos ha enseñado que todos, sin excepción, debemos lavarnos las manos como signo de limpieza social, este cambio de valores y patrones morales nos incluye a todos y nos compromete a cada uno de nosotros, pues si algo hemos aprendido es que la misión de atacar los virus, tanto epidemiológicos como sociales, es responsabilidad de todos y es por el bienestar de cada miembro de la sociedad.

2 comentarios sobre “Un virus para lavarnos mucho más

  • el abril 11, 2020 a las 11:55 am
    Permalink

    Excelente Muchas gracias Dios lo bendiga

    Respuesta
  • el abril 11, 2020 a las 12:16 pm
    Permalink

    Gracias ojalá tipo de reflexiones
    Llegarán a muchas más personas pero lo más triste también de todo esto es que estamos tan enfermos interiormente que nada pasa .
    Nos seguimos lavando las manos sin pensar en el otro
    que tristeza nuestro país nada que despierta . Dios los bendiga siempre

    Respuesta

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *