Señor, eres la luz que guía nuestro camino

Señor, eres la luz que guía nuestro camino

Al revisar las lecturas con las que celebramos la Epifanía del Señor podemos ver varios elementos que nos ayudan a reflexionar. Lo primero es que el propio Dios se anuncia a través de la estrella de Belén, pues guía a los reyes al encuentro con el salvador; de esta forma, el Padre quiere que nosotros nos acerquemos a él para reconocerlo y llenarnos de gozo con su hijo amado. La luz que orientó a los reyes extranjeros es la misma que brilla para cada uno de nosotros, pues nos invita a abrir el corazón, para así dejarnos guiar y ser persistentes en la búsqueda de Nuestro Señor, quien nos espera para colmarnos con su misericordia.

Un segundo elemento a considerar es el rol de Herodes, quien se preocupa por el nacimiento del Salvador y hace hasta lo imposible por evitar que su mensaje llegue; el gobernante consideraba que la llegada del Mesías atentaba contra su poder y supremacía. Algo similar sucede hoy, cuando los intereses económicos y políticos se sienten amenazados por el mensaje cristiano, debido a que una invitación a la misericordia, la justicia y la atención a los más débiles y marginados, va en contra de sus mezquinos intereses y su apego al poder.

Ahora bien, tal como hicieron los Reyes Magos de Oriente, nosotros también debemos cuidar y proteger el mensaje de Cristo, evitando que los “Herodes modernos” logren acabarlo, callarlo o anularlo. Quien reconoce al Salvador (en su vida, familia, empleo y salud, entre otros) debe preservar su palabra como un tesoro invaluable que se convierte en luz del mundo y esperanza para todos.

Señor, anunciaste tu gloria en la sencillez de los pastores y en la sabiduría de los Reyes magos; con eso demuestras que no distingues ni discriminas, que tu mensaje y misericordia son para todos. Tú, que llenaste de gozo al más humilde e hiciste lo mismo con el más ilustre, cólmanos de esperanza con la fuerza de tu luz y bríndanos la alegría de sentirnos salvados. En este día de celebración te pido que nos regales tu espíritu, para que, como lo hicieron los Reyes Magos, sepamos cuidar nuestra fe y no sucumbir o ser instrumentos de quienes pretender robar la esperanza y el amor.

Queremos llegar a ti, amado Jesús, ofrendando nuestras vidas. Traemos alegría, amor familiar, sueños, solidaridad y el inmenso deseo de amarte cada día más; recíbelos como signos de adoración para ti, Rey de Reyes y Señor de Señores. Llénanos de gozo, de luz y de esperanza, para que todo lo que hagamos este nuevo año sea un tributo de amor y agradecimiento a tu majestad.

María, madre de amor y bondad, sabemos que por ser la madre del recién nacido puedes interceder por nosotros y ayudarnos; te pedimos que nos acompañes en el empeño de llevar una vida de adoración a tu amado hijo, Nuestro Señor Jesucristo.

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