Señor, tu llegada es salvación
Señor, tu llegada es salvación
Isaías (35,1-6a.10), Sal. (145,7.8-9a.9bc-10), carta del apóstol Santiago (5,7-10), evangelio según san Mateo (11,2-11)
En Jesús se cumple plenamente toda la Escritura y todo lo anunciado por los profetas sobre la venida del Mesías se hace presente en la persona de Cristo, al ser él liberación, sanación y salvación; en Nuestro Señor, todas las promesas de Dios se encarnan y se nos entregan, para hacer de nuestra vida una nueva creación, donde la vida florece y el gozo es eterno.
El anunciado por Isaías, a quien Juan el Bautista preparó el camino, hoy se presenta como el enviado; es el mismo que da luz a los ojos del ciego, limpia al leproso, permite oír al sordo y restituye al pobre y marginado. Jesús vivo encarna en quien todo es posible, en quien nuestras angustias y preocupaciones reciben consuelo y solución.
Precisamente, adviento nos prepara para recibir a Cristo en nuestra vida, en familia y en comunidad; pues con él llega quien todo lo hace posible. Adviento implica preparamos adecuadamente, dejando de lado todo aquello que nos limita para recibir a Cristo: la idolatría, el egocentrismo, la falta de amor y caridad.
Señor, hoy te pido la gracia de tu Espíritu para poder entender la grandeza de tu misterio y desde allí prepararme adecuadamente para tu venida. No permitas que esta etapa se diluya en superficialidad y banalidad, sino que, por el contrario, sea testimonio de amor y acogida al salvador del mundo.
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Pregunta del día: específicamente, ¿cómo te preparas para la llegada del Salvador?
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