Pentecostés (parte 2): El Espíritu Santo es el Amor del Padre y del Hijo
Pentecostés (parte 2): El Espíritu Santo es el Amor del Padre y del Hijo
Por: Jorge Espinosa
El Espíritu Santo es la fuerza de Dios que nos permite vencer cualquier signo contrario al amor, gracias a él tenemos el valor de salir a anunciar a un Cristo resucitado que se hace presente en nuestra vida como consejero y fuerza que nos impulsa a ser fieles a Dios. Es así como si tenemos el Espíritu de Dios podremos vencer la muerte en vida, es decir, todos aquellos signos del mundo que buscan apagarnos, entristecernos y reducir nuestra dignidad de hijos de Dios.
“En cambio el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí; contra tales cosas no hay ley. Pues los que son de Cristo Jesús, han crucificado la carne con sus pasiones y sus apetencias. Si vivimos según el Espíritu, obremos también según el Espíritu.” (Gal. 5, 22-25)
Mientras el mundo busca dividirnos y crear discordia entre nosotros, la acción del Espíritu nos une, nos llena de alegría, paz y bondad; así lo dice Pablo, quien nos invita a dejaros permear por el Espíritu de Dios para que obremos según él.
Abramos nuestro corazón para recibir al Espíritu de Dios y así poder acceder a sus dones:
- Sabiduría: nos comunica el gusto por las cosas de Dios.
- Entendimiento: conocimiento profundo de las verdades de la fe.
- Ciencia: la recta apreciación de las cosas terrenas.
- Consejo: nos ayuda a formar juicios sensatos acerca de las cosas prácticas de la vida cristiana.
- Piedad: nos da el amor a Dios como a un Padre.
- Temor de Dios: nos infunde el temor de ofender a Dios y nos impulsa a huir del pecado.
- Fortaleza: nos da la fuerza de vencer las adversidades de la vida y el valor para emprender acciones buenas.
Reconozcamos nuestra debilidad y busquemos permanentemente dejar actuar el Espíritu Santo en nuestra vida, el mismo que recibimos en el bautismo y afianzamos en nuestra confirmación; él está en nosotros, solo es necesario dejarlo actuar y transformar nuestra vida.

