Perros contra los colados
Perros contra los colados
Por: Jorge Espinosa
Esta semana se encendió el debate en las redes sociales y en los medios de comunicación, tras anunciarse que se emplearán perros en las estaciones de Transmilenio para evitar los colados. Esta medida refleja dos posturas extremas: para unos es necesario frenar a toda costa esa cultura de la ilegalidad, que, bajo la excusa de problemas económicos, justifica que miles defrauden el sistema, generando pérdidas millonarias; para otros se trata de una situación de desigualdad social, pues los colados se deben a que un gran porcentaje de la población no puede cancelar un servicio tan costoso y, por ello, el empleo de caninos disuasorios es otro ejemplo de los atropellos a los que el sistema de transporte público bogotano somete a los más pobres.
Es fácil perderse en los argumentos de ambas partes; sin embargo, el hecho de que se presente esta controversia es una clara evidencia de nuestra confusión en valores. Considero que es muy grave permitir la expansión de la cultura del fraude, pues no existe ninguna justificación para robar, agredir o discriminar a alguien; sin duda, enfrentamos una postura de doble moral cuando se argumenta que colarse está bien, pero que ser corruptos está mal; debemos tener absolutamente claro que la honestidad es fundamental para construir sociedad.
En todo caso también está mal emplear, como herramienta de control, medios potencialmente peligrosos para la vida e integridad de una persona; esto demuestra incapacidad de educar o corregir en justicia, evidenciando que, si el problema se ha crecido, es porque no respetamos el bien común y abonamos el terreno a las narrativas del delito, lo que sin duda está erosionando nuestra escala de valores como sociedad.

