El valor de la estadística
Una cultura estadística madura
Luego de tres meses de esta locura de cuarentena, donde a diario vemos el reporte de cifras que reflejan la profunda crisis social, económica y sanitaria que atraviesa el mundo y, claro, Colombia, advertimos varias disciplinas que, casi sin proponérselo, han ganado protagonismo e impactarán la manera como viviremos la “postpandemia”.
Quiero referirme en este caso a la estadística, una ciencia que aplica la matemática y la lleva a un nivel de usos concretos que impactan la sociedad a todo nivel, pues no solo ayuda a entender nuestra realidad, sino que marca nuestro devenir, a partir de estimaciones y pronósticos que se hacen con los datos históricos y actuales. Resalto el papel de la estadística en medio de la pandemia, pues si bien hoy es portadora de noticias negativas, es la manera más confiable de entender la magnitud de la situación y ello nos permite tomar medidas para minimizar los riesgos y maximizar la probabilidad de superar esta crisis de la mejor manera.
Gracias a la estadística podemos cuantificar el impacto de la pandemia en aspectos como empleo, costo de vida, efectividad de las políticas públicas de mitigación del virus, nivel de inversión y su efectividad; incluso, consultando los indicadores nos mantenemos alerta cada día para saber las cifras de contagios, muertos, pruebas y casos superados; información fundamental para la toma de decisiones de los gobernantes.
Sin duda, esta pandemia catapultó a la estadística como protagonista, pues si bien se habla de epidemiólogos, economistas, expertos en salud y científicos de diferentes áreas, todos ellos soportan sus argumentos en cifras y cálculos estadísticos. Aunque el ciudadano común poco conoce de esta disciplina, tiene un profundo impacto en el mundo moderno, donde los datos crecen exponencialmente, pero es gracias a la estadística que se traducen en algo práctico y funcional.

Mucho se ha dicho de la necesidad de cuidar el tipo de información que consumimos, pues si bien la red nos acerca al mundo, también es un mar de basura lleno de falsos datos; es en ese contexto donde las cifras emitidas por las entidades oficiales generan confianza y crean sanos rituales de consumo de información. En síntesis, la estadística es garante de la credibilidad y transparencia de los estados, así como de la sociedad en general.
Ahora bien, para que una sociedad le dé importancia a la estadística debe avanzar en la implementación de instrumentos (los mecanismos que permiten la captura de la información) que supongan mayor precisión. Lo anterior implica respeto por los entes que generan las cifras y, claro, también una cultura estadística madura, que permita el reporte de nuestra información de manera correcta y responsable, siendo a la vez consumidores de cifras desde una óptica crítica. Un país sin cultura estadística es presa fácil de la desinformación, por lo que podría derivar en un estado ciego y sin libertades.

