Un virus para taparnos la boca
Un virus para taparnos la boca
Por: Jorge Espinosa
Esta semana han pasado muchas cosas, pero también muy pocas. Sobre lo que sucedió, destaquemos que creció exponencialmente el número de contagiados y muertos por el covid-19 en el mundo, lo que ha permitido tomar consciencia de que estamos viviendo una etapa difícil, algo que estas generaciones nunca habíamos vivido y que exige cambios en la manera como nos relacionarnos, nos cuidamos y crecemos como sociedad; sin embargo, considero que no todos han entendido los profundos y drásticos cambios que la vida nos está pidiendo.
Seguimos creyendo que es más valiente quien ataca con mayor agresividad al otro: aún vemos cómo se usan las redes sociales para destruir e insultar a quien piensa diferente, solo basta ver la virulencia de los ataques al Papa Francisco por su oración, alegando que hoy el mundo necesita más dinero que plegarias. Otros se mantienen enfrascados en cazar peleas partidistas, atribuyendo el creciente número de víctimas a las medidas tomadas por un líder que no representa su ideal político.
Cuánto tiempo y esfuerzo se pierden en esas discusiones que solo contaminan y minimizan nuestra capacidad de unirnos; justamente, por eso creo que esta semana hemos avanzado muy poco como sociedad.
Esta mañana, cuando salía de entregar su turno, atracaron a la vigilante de mi conjunto. Los delincuentes aprovecharon la soledad de las calles; es decir, ni siquiera enfrentar una amenaza colectiva y real, como lo es el covid-19, hace reflexionar al hampa. Otra prueba de lo poco que aprendemos como sociedad.
En general, aunque hemos tomando consciencia de que el coronavirus no es sinónimo de muerte, como decían algunos, sí se trata de una amenaza seria para la supervivencia de nuestra comunidad. Por eso duele que sigamos pensando en primera persona del singular (“YO”, lo “MÍO”) y no entendamos que esto es un proceso que debemos vivir en primera persona del plural (“NOSOTROS”, lo “NUESTRO”).
En forma equivocada pensamos que debemos usar el tapabocas para que “YO no me contamine”, sin darnos cuenta de lo que se trata es que una persona con cualquier tipo de infección NO contamine a los demás: “no contaminar a los demás con lo que sale de nuestra boca” (Marcos 7, 20-23).
Estamos tan preocupados por MI trabajo, MI estabilidad económica, MI empresa, MI salud e incluso por MIS planes y proyectos del 2020, sin percatarnos de que no se trata solo de MI vida, sino de NUESTRA vida, que es la de todos; al decir todos nos referimos a cada uno de los seres humanos, sin distinción de raza, origen, religión, condición social o interés político.

Pasaron muchas cosas esta semana, pero aún nos queda tanto por aprender. Oramos, lo que es muy bueno; nos encontramos por los medios digitales para reflexionar, para educarnos en la fe y participar de la eucaristía. Sin duda, todo eso es bueno y agradable a los ojos de Dios; sin embargo, el mensaje cristiano nos exige mucho más. Como nos viene recordando su santidad, todos estamos en la misma barca, atacada por la misma tempestad, y solo si todos remamos desde la fe y la esperanza podremos llegar a feliz puerto.
El virus nos enseña a pensar en NOSOTROS, no solo en MÍ. Esta crisis demuestra que todos tenemos el derecho a vivir, que todos somos igual de frágiles y necesitados de la misericordia de Dios y que la enfermedad no distingue condición. En este momento, seguramente ingresan a los hospitales del mundo muchos pacientes críticos, pero si no hay respiradores para atenderlos, poco importa que alguno de ellos tenga dinero o que algún otro provenga de un albergue; al final, los médicos harán lo posible por salvarlos a TODOS.
Hay momentos en la vida, como este, en que solo la fe en un Dios amoroso y misericordioso nos puede llenar de esperanza. No se trata solo de ser optimistas y esperar a que la Providencia nos salve; se trata de tener la confianza de que todo lo que sucede nos enseñará a mejorar la forma como nos relacionamos, tener esperanza para vencer el egoísmo y ser capaces de llevar a la vida práctica el supremo mandamiento del amor: “amaras a Dios con todo tu corazón y al prójimo como a ti mismo.”
¿Qué podemos cambiar ahora mismo? Les tengo una propuesta. Qué tal si empezamos por usar el tapabocas, pero no solo como autoprotección individual, sino como una medida para evitar que YO afecte a los demás. También debemos usar el tapabocas para silenciar las ofensas, el lenguaje sarcástico, las palabras que destruyen y las críticas irresponsables. La idea es que ese tapabocas silencie las palabras carentes de amor y evite emitir cualquier expresión envidiosa, egoísta y falta de solidaridad.
No es por ser fatalista, pero se aproximan días y semanas más difíciles; sin embargo, también es la oportunidad para traducir nuestra fe en vida, en ser portadores de misericordia y esperanza. Es claro que debemos ayudar a los necesitados con mercado, pero también surgirán nuevas oportunidades para ser testimonios de un Cristo vivo, ayudando a los enfermos, los ancianos y en medio de la crisis, a tantas familias que empiezan a vivir conflictos y zozobra
Oremos a Señor en esta semana, para que el cambio que la humanidad necesita, se dé pronto y que nosotros seamos parte de ese cambio, a una humanidad nueva, renovada y atenta al llamado de amarnos los unos a los otros.


Buenos dias don jorge excelente reflexion muchas gracias Dios lo bendiga