Entre la vida y la muerte

Entre la vida y la muerte

Este texto fue publicado en la columna Qué hay detrás de… del periódico ADN Colombia el 13/01/2020

El año comienza con eventos mundiales muy preocupantes: incendios en Australia, vientos de guerra entre EE. UU. e Irán y el dolor de la violencia en Bojayá. Estos hechos tienen en común que atentan contra la vida, desde la del más humilde, hasta la del más poderoso; además, son dramas en donde vemos con impotencia cómo, mientras unos procuran acabar vidas, pocos luchan por preservarlas.

Sin embargo, la forma en la que asumimos estos dramas depende de la cercanía; por ende, si el hecho lo consideramos lejano, pueda que lo lamentemos e incluso expresemos rechazo en las redes sociales, pero no afectará nuestra cotidianidad y solo será una noticia más. Justamente, esta cómoda postura es la que se impone en el país.

Parece que los colombianos nos volvimos expertos en lamentar, pero no en sentir; es una especie de mecanismo de protección: desde que la muerte o las desgracias no me toquen a mí, basta con un par de mensajes de solidaridad. En realidad, es hora de tomar una postura y de involucrarse más frente a la realidad social.

Ver cómo las llamas arrasan con un país lejano, por lo menos debería llevarnos a tomar conciencia de la masacre que eso implica para la naturaleza, haciendo cambios en la forma como nos relacionamos con ella, dejando de creer que somos superiores y reconociendo que todos pertenecemos al mismo ecosistema de vida.

La muerte violenta de un ser humano, por lejos que suceda (en Irak, en Bojayá o en nuestro barrio), debe asumirse como un indicador de que algo está mal y motivarnos a poner todo nuestro empeño en defender la integridad de los demás. Quienes habitamos este planeta debemos ser coherentes con el principal mandamiento universal: vivir en armonía, preservando la vida.

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