Señor, tú me invitas a compartir tu amor
Señor, tú me invitas a compartir tu amor
Jueves 12 de septiembre de 2019
Carta de san Pablo a los colosenses (3, 12-17), del salmo 150, Evangelio según san Lucas (6, 27-38)
El mensaje de hoy es contundente: “Traten a los demás como quieren que ellos los traten”. Ahora, antes de pensar en cómo debemos tratar a los demás, es bueno partir de cómo nos gusta ser tratados; en este contexto muchos coincidirán en que creemos que merecemos respeto, consideración, misericordia cuando nos equivocamos, solidaridad en los momentos difíciles, que nos reconozcan cuando hacemos algo bien y que nos corrijan con paciencia al errar. Con seguridad todos queremos que nos afiancen la autoestima, que nos permitan aportar, que valoren nuestras habilidades y que nos guíen para poder ser mejores en lo que hacemos. En fin, cuando pensamos en todo lo que esperamos de los demás la lista es larga y muy detallada.
En todo caso, si revisamos cómo tratamos a nuestros semejantes, sin duda el balance es negativo; es decir, siempre queremos mejor trato para nosotros del que brindamos. Es justo a eso a lo que se refiere Cristo, pues debemos, por lo menos, revertir esa balanza y equilibrarla, dándole al otro lo mejor que podamos y que esperamos de los demás. Ahora bien, en la medida que somos generosos con nuestros hermanos, así mismo veremos la misericordia de los demás: “les verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante.”
Aunque el mensaje de un amor práctico en la relación con el otro es ampliamente conocido, también es difícilmente aplicado. La pregunta es: ¿por qué es tan difícil amarnos como hermanos, sin importar nuestras diferencias y contradicciones? Seguramente el asunto se explica por nuestra fragilidad y debilidad humana. En este mensaje, la Palabra nos recuerda que todos los bautizados tenemos la posibilidad de convertir el amor de Cristo en un modelo de relación: “Como elegidos de Dios, santos y amados, vístanse de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura y comprensión.”
Gracias Señor por tu mensaje, pues gracias a él podemos ver esperanza y reconciliación, dos virtudes urgentemente necesarias en nuestro mundo.
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Pregunta del día: ¿qué actitudes puedes mejorar para ser reflejo del amor de Cristo?
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