Señor, danos corazones misericordiosos

Señor, danos corazones misericordiosos

Jueves 29 de agosto de 2019

Jeremías (1, 17-19), del Salmo 70, Evangelio según san Marcos (6, 17-29)

En esta fecha recordamos el relato de la muerte de Juan el Bautista por orden de Herodes, quien, a pesar de tener respeto por el Bautista, accedió a la petición indirecta de Herodias, quien estaba molesta porque Juan le había reclamado por una unión impura. En esta narración hay varios elementos a destacar: el primero, sin duda el alto precio que tuvo que pagar Juan por buscar el cumplimiento de la ley de Dios, pues a pesar de ser reconocido como hombre justo, terminó decapitado. Un segundo elemento es la escala de valores de Herodes, quien a pesar de estar consciente de quien era Juan y lo importante que era para el pueblo e incluso para él, entregó su vida para cumplir un capricho de su mujer; por último, hay una tercera visión, desde Herodias y su hija, quienes estuvieron dispuestas a quitar la vida de una persona por estar en contra de sus intereses, y más cuando éste les mostraba sus errores.

Los tres personajes del relato nos permiten reflexionar. En el caso de Juan, su ejemplo es estar dispuestos, como lo hizo el propio Jeremías, a sufrir persecuciones y maltratos por el anuncio del Señor. Desde la postura de Herodes debemos establecer claramente nuestra escala de valores, pues la verdad de la Palabra, el valor por la vida y la misericordia están por encima de cualquier otra propuesta; finalmente desde Herodias, debemos alejarnos de esa actitud vengativa, odiosa y prepotente de querer pasar por encima de cualquiera, especialmente de quienes son contrarios a nuestra manera de pensar.

Vivimos tiempos difíciles a nivel mundial, pero con mayor dureza en el ámbito nacional, pues nos enfrentamos a una polarización extrema, donde cada parte está dispuesta a exterminar a sus opositores con el fin de quitarlos del camino, incluso promoviendo una guerra innecesaria. Señor, hoy nos declaramos necesitados de tu misericordia, envíanos tu espíritu para que transforme nuestra sociedad y nuestros corazones; deseamos un país en paz, pero en ocasiones parece que no encontramos el camino para lograrla. Bendícenos y danos la gracia de reconciliarnos y encontrar espacios de respeto a la vida, a pesar de nuestras diferencias ideológicas.

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Pregunta del día: ¿cómo aportas a la construcción de un país en paz?

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