Señor, tu mirada me transforma
Señor, tu mirada me transforma
Sábado 24 de agosto de 2019
Apocalipsis (21,9b-14), Sal. (144,10-11.12-13ab.17-18), Evangelio según san Juan (1,45-51)
Natanael es una figura que nos ayuda a meditar sobre el reconocimiento de Jesús como el Mesías; el hijo de Dios encarnado en la naturaleza frágil del hombre, quien desciende a nuestra condición para elevarla a la perfección de hijos de Dios. Este pasaje está inscrito en la primera parte del evangelio de Juan; es decir, Jesús aún no había hecho signos o prodigios, y a pesar de ello Natanael lo reconoce como el esperado: “Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.”
Vivimos en tiempos que exigen pruebas irrefutables de la existencia de Dios, nos negamos a creer por simple acto de fe; seguramente por eso es que nos hemos vuelto limitados, duros con el hermano e insensibles a sus sentimientos. Sin duda cuestionamos todo, como lo hizo el seguidor de Cristo, quien no podía creer en un primer momento que podía salir algo bueno de Nazareth; es decir, la duda y el desprecio por el otro reinaban en él; sin embargo, el solo contacto y el reconocimiento de Jesús bastaron para cambiar su impresión inicial y convertirlo en seguidor.
Que hermoso mensaje nos regalas hoy Señor, uno que nos invita a esperar sin prevención; es decir, estar prestos a recibir, a acoger y ser llamados. Hoy queremos disfrutar de tu mirada, ahí, en nuestra cotidianidad, en nuestro trabajo, en el estudio o simplemente en nuestras actividades domésticas, pues tu mirada nos transforma y nos permite reconocerte como nuestro único Señor y Salvador. Permítenos, amado Jesús, ser conscientes de tu mirada, agradecidos por ella y deseosos de ver cada día más manifestaciones de tu presencia.
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Pregunta del día: ¿en qué momentos del día sientes la mirada de Dios?
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